La docencia animada por el amor al saber June 18, 2007
Posted by Armando Cabrera Silva in Teaching.4 comments
No puedo caer en el letargo, y esconder las falencias de mi vida docente, la responsabilidad de formar a aún grupo de personas no solamente recae en la obligación de cumplir esta actividad como algo meramente laboral, esto va más allá, es poner todo de si para descubrir la VERDAD.
Ejercer la docencia es lo mismo que enseñar, es decir, comunicar a los alumnos los conocimientos que la tradición de muchos siglos ha ido acumulando lentamente, ha continuado enriqueciendo con los resultados recientes del ayer y con el saber vertiginoso de hoy.
La docencia animada por el amor a saber, debe huir de un superficial pedagogismo, que no llega a plantearse a fondo cual es la ayuda especifica del profesor al alumno, pues la gente joven es enormemente porosa y receptiva, cuando el profesor, sin requemores, pero con autoridad moral, logra establecer una buena sintonía con el alumno. El rigor del estudio, el cumplimiento de los deberes cívicos, la honestidad vital, la alegría que produce saber… todo esto debe comunicarlo, incluso contagiarlo un profesor a sus alumnos. Y esa es una forma de poner en pie a la Universidad: enseñar a ser “hombres de bien”
En la vida universitaria los profesores son, por definición, los que innovan y los alumnos lo que conservan. Por esto debemos conservar el saber científico en el más alto nivel al que se ha llegado en un momento determinado. Por eso cuando como profesores no avancemos, cuando no innovemos, cuando solo transmitamos lo antes aprendido, las nuevas generaciones de alumnos querrán vivir su vida, su momento en la historia y no la de sus antepasados, se negaran a conservar lo que esta viejo, no aceptaran transmitir lo que ya no es valido.
Debemos reconocer y asumir toda la esencia y modos de nuestras responsabilidades docentes. Para ser capaces de hacerlo, debemos recuperar una relación recta con la verdad de las cosas, con la realidad de las otras personas, con los postulados interiores de nuestro ser y final y constantemente con Dios.
Debemos salvaguardar o recobrar la felicidad de enseñar, la felicidad de estudiar, la felicidad de compartir, y tanto profesores como alumnos debemos poner todos los medios para lograrlo.



